Por Ismael Sáez, secretario general de UGT PV

Por fin, el Congreso de los Diputados ha investido como Presidente del Gobierno de España al socialista Pedro Sánchez dando término a casi un año de interinidad en el que las reformas que todos reclaman quedaban pendientes. No ha sido fácil, tampoco lo era en septiembre, pero la errónea decisión de ir a nuevas elecciones ha quedado claro que lo ha complicado aún más.

Poco importa eso ya, como tampoco importa que como estrategia electoral el hoy Presidente llegara a decir que un Gobierno de coalición le quitaría el sueño. La realidad acaba imponiéndose y la fragmentación política es la realidad de nuestros días que exige complicadas alianzas para sacar al país del bloqueo y la parálisis. No solo el PSOE se ha enmendado así mismo, también su socio Unidas Podemos ha tenido que abandonar su programa máximo y aceptar que «el asalto de los cielos» es mera retórica.

Pero volvamos a las reformas que todos reclaman y que obviamente no pueden ser en todos los casos las mismas. Se dirá, aceptando como verdaderos los fines proclamados, que todos quieren una España más justa, más igualitaria, más rica, más democrática, que progresa. Sin embargo, unos se conforman con que se cree empleo, aunque este no dé para vivir; y otros exigen que sea digno, con derechos y con buenos salarios. Unos defienden la preponderancia de la actividad privada en la prestación de los servicios básicos, como la sanidad o la educación; mientras que los otros abogan por servicios públicos de calidad, universales y gratuitos para sus usuarios. Unos creen que el sistema de pensiones es insostenible, a no ser que se apliquen recortes y se fomenten los planes de pensiones privados; los otros opinan que es una prioridad en el gasto presupuestario, de manera que lo que no se ingrese por cotizaciones deberá sostenerse desde los Presupuestos Generales del Estado.

Así podríamos seguir señalando diferencias hasta aburrir, porque el pacto social que dio lugar al Estado del Bienestar se quebró a finales del siglo XX con el triunfo del neoliberalismo, y su dramático fracaso (la Gran Recesión de 2008) no ha traído un nuevo pacto social, sino la recuperación de bloques en el que a un lado se sitúa una derecha defensora de sus privilegios que se aprovecha del temor, el desconcierto y la inseguridad de buena parte de sus víctimas; y al otro, una socialdemocracia que no encuentra su espacio en la globalización desde los pequeños y cada vez menos determinantes estados Nación.

Sin embargo, las desigualdades crecientes, la existencia de perdedores que se enrocan en el discurso nacionalista que les ofrece la derecha como única esperanza son peligros potenciales para la democracia y la paz. Por eso, pese a las dificultades, merece la pena el intento que el programa de Gobierno de coalición ofrece para lograr una sociedad más justa, donde será imprescindible no solo repartir con equidad, sino crecer; y para eso es necesario invertir en innovación e investigación, en educación, y todo ello hacerlo compatible con las exigencias medioambientales que ya son una urgencia planetaria.

Es verdad que, además de los desafíos señalados, tenemos pendiente resolver el encaje de pulsiones territoriales que solo pueden alcanzarse en el marco constitucional, porque la ley en una democracia es el resultado de la voluntad de la ciudadanía. Eso es España, sus ciudadanos y ciudadanas, y no otra cosa. De manera tal que nuestro país debería ser lo que nosotros queramos, no lo que defienda con nostalgia trasnochada una parte de nuestra sociedad que atribuye al concepto de España cualidades taumatúrgicas. El fin es el bienestar de las personas, su seguridad, su salud, su educación, su libertad y, si fuera posible, su felicidad; todo lo demás son instrumentos para lograrlo, incluida la patria que en el marco de la globalización cada día es más planetaria.

Los valencianos y valencianas necesitamos un nuevo sistema de financiación que nos haga justicia y un aligeramiento de la deuda que no hipoteque nuestro futuro. Se trata, como no se cansa de repetir el Consell, de reconocer la diversidad de los territorios garantizando la igualdad de las personas; y eso, que también vale para el conjunto de las Autonomías, parece un compromiso firme.

Suerte y acierto al nuevo Gobierno en su difícil tarea, nos va mucho en ello. Y responsabilidad y patriotismo a los patriotas de la oposición, porque como queda dicho España son los españoles.

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