Unión General de Trabajadores del País Valenciano

Vergüenza, indignación, estupor, ironía. GONZALO PINO BUSTOSVergüenza, indignación, estupor son las sensaciones que nos inundan cuando vemos diariamente imágenes de miles de personas, de familias que huyendo de la guerra y de una muerte segura intentan entrar en la Europa del Primer Mundo, esa Europa “civilizada” y asentada sobre unos  valores fundacionales de defensa de los Derechos Humanos, cuyas instituciones no están dando la respuesta inmediata que desde UGT-PV entendemos necesaria ante la emergencia humanitaria que estamos viviendo, donde se han registrado ya más de 270.000 solicitudes de asilo.

El drama sigue. Según de cifras de ACNUR tras tres años de conflicto en Siria, más de cuatro millones de personas se han convertido en refugiadas de países vecinos como Líbano, Jordania y Turquía, países que han tendido la mano superando con creces las cifras que se plantea Europa asumir, 40.000.  
Llama poderosamente la atención la falta de consenso en las instituciones europeas, la negativa  de algunos de sus Estados Miembro como Reino Unido, Austria o Hungría, y la actitud de otros como España, que dilatan y dificultan las soluciones en cuanto a reubicación y asentamiento de refugiados.
Los muertos se suman mientras Europa maneja cifras de reparto, como si de una subasta de mercancías se tratara. La historia nos avergonzará cuando esto se recuerde. Es fácil caer en el símil comparativo de lo gastado en su día en rescatar a la banca. Ahí no hubieron remilgos y si muchas prisas, pero no creo necesario entrar en esta comparación.
Ante este inmovilismo cabría preguntarse, quién se beneficia de esta situación, que objetivos e intereses se esconden tras las contiendas actuales en Siria y también en Libia o Yemen. ¿Qué papel están jugando Estados Unidos y Rusia? y ¿Por qué se ha llegado hasta aquí?
Mientras pasan los días sin  y seguimos sin soluciones que den respuesta  a las  personas que intentado llegar a la costas  italianas y griegas en embarcaciones-patera fallecen convirtiendo el mediterráneo en un auténtico cementerio.  Pasan los días y vemos el avance de familias enteras con niños y ancianos que bajo condiciones muy precarias  cruzan Macedonia y los Balcanes con el único objetivo de llegar a Europa y su espacio Schegen,  con destino a Alemania y Bélgica, destinos que en ocasiones se ven truncados por las prácticas de mafiosos sin escrúpulos como pasó con  los ocupantes del camión frigorífico abandonado en Austria con 70 cadáveres en su interior.
Y luego, en las ocasiones en los que se llega Europa, se encuentran con que no es suficiente llegar; y es que Europa no ha previsto su acogida y en algunos casos hasta les ha puesto trabas, como el gobierno ultraconservador húngaro, que ha dejado a la intemperie a cientos de personas, billete en mano cerrando la estación de ferrocarril e impidiendo su movilidad.
Aquí, por su parte, el  Estado español con el Gobierno del Partido Popular la cabeza, el mismo que hace unos años dilapidó la ayuda al desarrollo para países empobrecidos, el mismo que hace unos meses solicitaba solidaridad y corresponsabilidad a la Unión Europea para la vigilancia de fronteras, es el mismo que acuerda en consejo de ministros iniciar el procedimiento para que España participe en la operación militar “Triton” de vigilancia en el Mediterráneo; regatea a la baja el número de refugiados que le proponen acoger, tan solo 1.300 dice, de los 4.000 que le correspondería.
Medidas todas ellas que no hablan de solidaridad ni de justicia social sino de control  y protección de fronteras, mirando de soslayo el derecho internacional y la carta de derechos humanos de la que tanto nos enorgullecemos.
La historia con toda su ironía nos recuerda que es cuanto menos sorprendente, que estemos actuando con la misma indiferencia con que algunos nos trataron y que aún muchos conservan  en su memoria. Me refiero al éxodo que sufrimos los españoles en 1939, cuando familias enteras, como las sirias de hoy,  huían hacia la frontera francesa, para también entonces, acabar en muchos casos en campos de refugiados en condiciones extremas, tan solo paliadas en parte por ayuda internacional.
Desde la UGT-PV queremos hacer un llamamiento al Gobierno español y a las instituciones europeas para que de acuerdo a los convenios y tratados internacionales, se produzca un cambio de rumbo en sus actuales políticas defensivas y proteccionistas,  y se pongan en marcha distintas líneas de actuación con carácter integral que  protejan a la población afectada, abriendo corredores humanitarios que impidan  acciones de personas y gobiernos sin escrúpulos, y que, en colaboración con la Agencias de Naciones Unidas, vayan dirigidas a resolver el conflicto en origen. Para que así sean la política, la diplomacia y el derecho internacional los que imperen, y no los intereses económicos.
Llama la atención que este mismo mes de septiembre tendrá lugar en Nueva York la Cumbre de Desarrollo Sostenible en la que se aprobará la Agenda 2030 de Desarrollo, una agenda centrada en las personas, el planeta, la prosperidad, la paz y las alianzas; y según la cual los Estados miembros se comprometen que a medida que se embarquen en este viaje colectivo, nadie quede atrás. ¿Otra de ironía?

Gonzalo Pino Bustos
Secretario General UGT- PV

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