Unidad

Ismael Sáez Vaquero. Secretario General UGT-PV

Omne regnum in se ipsum divisum desolabitur», valga este latinajo como aserto o advertencia para españoles y europeos frente a la brutal agresión del dictador Putin hacia el pueblo ucraniano, el derecho a su libertad, a gobernarse en democracia y a su soberanía, porque solo nuestra división puede garantizar el éxito del crimen y la barbarie.

De momento, las democracias del mundo han sabido responder unánimemente mediante medidas de bloqueo a la economía rusa, a los jerarcas que la gobiernan, a través del suministro de armas para la defensa y resistencia y a la ayuda humanitaria, pero sus efectos rebote sobre el resto de las economías se han traducido en un aumento de los precios de la energía, de las materias primas y aún de los alimentos. Una inflación que merma la capacidad adquisitiva de las familias, que amenaza la continuidad de buena parte de la industria y el transporte que pone en riesgo la recuperación económica y el empleo.

Nuestro objetivo debería ser que ni una sola empresa ni un solo empleo se cierre o se pierda como consecuencia de esta guerra. Para lograrlo se sabe que en el corto plazo hay que garantizar un precio asumible de la energía, que los ERTE que pudieran darse por la suspensión de la actividad en determinadas empresas o sectores deben responder al criterio de sostenimiento de rentas, mantenimiento del empleo y  reducción de cargas, que ayudas fiscales de efecto inmediato sobre los ciudadanos con rentas más bajas, como la reducción de las retenciones por IRPF, deben ser puestas en marcha y que sería deseable desindexar los precios del alquiler.

Todo ello escapa del estrecho margen del que disponen las cuentas y la capacidad legislativa de la Administración autonómica, lo que no obsta para reconocer y agradecer el esfuerzo de la Generalitat por echar una mano y compartir esa propuesta con los agentes económicos y sociales, pero lo bien cierto es que será una Europa unida la que podrá dar respuesta a esta crisis y hacer posible cuanto se ha referido, y no solo porque las ayudas de Estado o la fijación de precios en el mercado mayorista de la energía sean de su competencia, sino porque sin la intervención del BCE, la emisión de eurobonos y la suspensión de las reglas fiscales todo cuanto se ha apuntado es inasumible. Seguir acumulando deuda y déficit públicos al tiempo que se rebajan las cargas impositivas no está al alcance de una economía como la española fuera de Europa.

Que tengamos uno de los más bajos gravámenes impositivos sobre los hidrocarburos en Europa o que el precio de la electricidad no difiera respecto del resto de países de la Unión en esta crisis o que el IVA sea igualmente homologable y además fuera incrementado durante los gobiernos de Rajoy, son hechos. Pero más allá de hacer aún menos explicables los comportamientos de una parte de la oposición, ni consuelan ni evitan el encarecimiento de costes que ponen en peligro la actividad económica de un buen número de sectores ni la consiguiente pérdida de empleo. Por ello el Gobierno de España debe intervenir equilibrando los esfuerzos que esta crisis nos impone, más allá de la solución global que Europa está obligada a adoptar, porque de lo contrario será difícil mantener la cohesión social, las quejas y las protestas debilitarán la posición del Gobierno y la expectativa de crecimiento de los discursos populistas tendrá el camino abonado. Y otro tanto se puede decir respecto de aquellos países que se han comprometido en la defensa
de Ucrania y de los valores democráticos.

Este sería un magnífico escenario para Putin, una muy mala noticia para los ucranianos y un pésimo resultado para el mundo. Por eso el movimiento sindical español está dispuesto a asumir la negociación de un pacto de rentas, así como un acuerdo con la CEOE para abordar la negociación colectiva de los próximos años; con responsabilidad, sin demagogias, aceptando que el mantenimiento del poder adquisitivo solo será posible en el medio plazo, pero que es necesario garantizarlo, que debemos evitar una espiral inflacionista y eso impone sacrificios; pero sabiendo que de lograrlo nos situará, cuando salgamos de esta crisis, en mejores condiciones para ganar mercados y generar empleo. En este sentido, la CEOE debe comprometerse a no trasladar el aumento de costes a los precios en los términos que debe recoger el pacto de
rentas para merecer tal nombre.

Con ese latinajo explicaba Hernán Cortés su éxito frente al imperio azteca al monarca Carlos I: «todo reino dividido contra sí mismo es asolado», de manera que UNIDAD. Las organizaciones sindicales la ponemos en práctica y la demandamos. ¿Serán capaces de olvidarlo quienes tienen en su iconografía sentimental figuras tan señeras de nuestra historia, desoyendo el consejo del conquistador? Nosotros no.

 

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