El Sheriff de Nottingham

Ismael Sáez Vaquero. Secretario General de UGT-PV

Le cuesta a uno creer que pueda haber algún niño o niña que simpatice con este personaje. Mientras Robin Hood representa el valor, la generosidad, la amistad sin precio y la justicia; el Sheriff es la cobardía, el egoísmo, la actitud servil del que espera por sus bajezas el pago del poderoso al que sirve, y la flagrante injusticia del que se muestra débil con el fuerte y fuerte con el débil. ¿Qué le ha pasado al niño que fue el Presidente Moreno Bonilla?

Con su decisión de suprimir el impuesto de patrimonio en su Comunidad Autónoma beneficia a los ciudadanos más ricos a los que les exime de pagar unos 90 millones de euros anuales, mientras que aquellos andaluces con menores rentas y patrimonio sufren la alta inflación de la que no pueden escapar, porque una parte no desdeñable de ésta se centra en el precio de los alimentos que, claro está, tienen el vicio de consumir cada día para no morir de hambre. Ya sé que con esos 90 millones no se va a resolver el problema de esos ciudadanos de renta modesta, que no modestos ciudadanos, pero no me negarán que el contraste ofende a cualquier niño.

El argumento de estos liberales de boca de fraile que no se cansan de pedir ayudas públicas para las empresas, ahora y siempre, también en el caso de los fondos destinados a los manoseados ERE que aprobaron con fruición e incluso propusieron incrementar y por los que injustamente, a mi parecer, han sido condenados Chaves y Griñan, es que bajar impuestos a los ricos atrae inversión y genera riqueza. Nada de preguntarse cómo mejorar la productividad de la economía andaluza, nada de apoyo a la investigación y la innovación, nada de políticas industriales. Basta con colocarse a codazos debajo de la mesa de los ricos para saciarse con las cuantiosas sobras, que habrá para todos.

Andalucía ha venido reclamando, con Moreno Bonilla a la cabeza, un sistema de financiación autonómica que les haga justicia; pues sienten, y con razón, que el actual sistema no les proporciona los recursos para la prestación de los servicios en salud, educación, dependencia o servicios sociales que merecen sus ciudadanos como españoles que son y por eso, como la Comunitat Valenciana, defiende un modelo de reparto basado en la población ajustada. Sin embargo, si ese modelo todavía no ha sido corregido y las carencias siguen presentes ¿qué sentido tiene renunciar a 90 millones de euros? Ah sí, se me olvidaba, el paraíso fiscal para los ricos que propone les llevará en tropel a Andalucía, como las moscas a la miel. Y todos los demás debajo de la mesa tan felices.

Por si esos ricos españoles no se han enterado parece que ha emprendido una campaña publicitaria dirigida, eso sí y de momento, aunque seguro que no por casualidad, a los ricos catalanes para que se vayan a vivir a Andalucía. El porfolio les ofrece, además de la exención en patrimonio, sucesiones y donaciones o transmisiones, la seguridad de que nunca dejarán de ser españoles. ¡Bonilla quiere vaciar Cataluña de españoles ricos! Que tomen nota los catalanes que también se sienten españoles. No les quepa duda de que los independentistas la han tomado sobre lo mucho que demuestra este PP su amor a Cataluña (y a España) con estas declaraciones incalificables que no me consta hayan sido corregidas por su dirección nacional ni contestadas por el PP de Cataluña.

Y todo esto en un contexto en el que Europa ha entendido la importancia de mutualizar deuda, de armonizar su fiscalidad, de establecer un Salario Mínimo Interprofesional, en definitiva de intentar sacar de la ecuación del crecimiento económico la competición mediante la deslealtad fiscal y las devaluaciones del factor trabajo entre sus miembros. Un salto en la unidad que en nuestro país, algunos, pretender darlo en sentido contrario.

La supresión de los impuestos referidos, el anuncio de nuevas bajadas impositivas, el enfrentamiento entre Comunidades Autónomas, que va a suponer, se presenta como una emulación del modelo de la Presidenta Ayuso para Madrid “dentro de España.” A mi parecer ambos se miran en el madrileño callejón del Gato. Solo así se explica que uno actúe como el Sheriff de Nottingham y se pueda seguir reconociendo en el niño que, como todos los niños, admiraba a Robin Hood.